Ser considerado superdotado durante la infancia puede convertirse en una parte duradera de la identidad personal. Los nuevos datos de MyIQ sugieren que la presión por estar a la altura de esa etiqueta puede influir en las oportunidades que los adultos se atreven a perseguir.
Aceptar la posibilidad de parecer inexperto forma parte del aprendizaje de una nueva habilidad o de asumir un puesto desconocido. Para los adultos que crecieron siendo considerados superdotados, la posibilidad de obtener malos resultados puede tener implicaciones mucho más personales. Las conversaciones en internet sobre el «agotamiento de los niños superdotados» (gifted kid burnout) han dado visibilidad a la presión asociada a los elogios recibidos durante la infancia y han puesto de relieve una consecuencia menos evidente: las oportunidades que algunas personas dejan pasar por miedo a descubrir que no son buenas en algo.
En una encuesta realizada a más de 2.000 usuarios de MyIQ de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, América Latina y la Unión Europea que habían sido considerados superdotados durante su infancia, el 58% afirmó haber evitado alguna actividad u oportunidad, como solicitar un empleo, cursar determinados estudios o practicar una afición, por temor a no hacerlo bien. Los participantes eran usuarios que habían decidido realizar las pruebas por iniciativa propia, por lo que los resultados describen las experiencias de este grupo y no pueden extrapolarse a la población general.
La etiqueta se había atribuido con frecuencia sin una evaluación formal. Solo el 19% afirmó haberse sometido a una evaluación antes de ser considerado superdotado; la mayoría recordaba haber recibido esa descripción de un profesor o de sus padres. Sin embargo, el 64% seguía considerándose «el inteligente» al menos ocasionalmente, mientras que el 36% ya no se identificaba con esa imagen. Una valoración recibida durante la infancia seguía formando parte de la percepción que muchos participantes tenían de sus propias capacidades.
La persistencia de esa identidad puede generar una vulnerabilidad particular cuando una persona adulta se enfrenta a algo desconocido. Una candidatura laboral que nunca se presenta no puede ser rechazada. Un curso que nunca se empieza tampoco puede terminar con un resultado decepcionante. En ambos casos, el desenlace queda sin resolver y la percepción del propio potencial permanece intacta. La encuesta no permite establecer que la necesidad de proteger esa identidad haya causado las conductas de evitación, aunque sí documenta la frecuencia con la que los participantes relacionaron las oportunidades desaprovechadas con el miedo a no estar a la altura.
Esta tendencia fue especialmente pronunciada entre los participantes más jóvenes. El 67% de los encuestados de la generación Z afirmó haber evitado alguna oportunidad por este motivo, frente al 56% de los millennials y el 41% de los adultos de 45 años o más. Las diferencias podrían reflejar cambios generacionales en las actitudes hacia el éxito o la experiencia acumulada con la edad. Los resultados no permiten distinguir entre ambas explicaciones, pero muestran que el miedo a rendir por debajo de las expectativas fue considerablemente más frecuente entre los participantes jóvenes.
Uno de los resultados más complejos tiene que ver con la forma en que los participantes valoraban el impacto de aquella etiqueta. El 38% consideraba que haber sido identificado como superdotado le había perjudicado, mientras que el 29% creía que le había beneficiado. El 33% restante no percibía consecuencias positivas ni negativas. Esta valoración resulta especialmente significativa al compararla con el porcentaje considerablemente mayor de participantes que reconocieron haber evitado oportunidades. La encuesta no determina en qué medida se solapan ambos grupos, pero la diferencia indica que las decisiones motivadas por el miedo y una valoración negativa de los elogios recibidos durante la infancia no deben interpretarse automáticamente como experiencias equivalentes.
Esta distinción ayuda a comprender por qué la experiencia no puede reducirse a una historia de expectativas infantiles que terminan provocando decepción en la edad adulta. Una persona puede valorar que los demás la consideren inteligente y, al mismo tiempo, sentirse incómoda en situaciones donde sus capacidades todavía están por demostrar. La misma etiqueta puede proporcionar seguridad en entornos conocidos y resultar más difícil de sostener ante la posibilidad de encontrar dificultades en otros ámbitos.
Los resultados también ponen de manifiesto una limitación en la manera habitual de entender los logros. Los títulos obtenidos y los avances profesionales dejan constancia visible de los resultados alcanzados. Las oportunidades que nunca llegan a intentarse son más difíciles de identificar, especialmente cuando la decisión de descartarlas puede explicarse como una cuestión de preferencias personales.
Para los adultos que siguen definiéndose a partir de una valoración temprana de su inteligencia, la disposición a aceptar la inexperiencia puede merecer tanta atención como las capacidades que ya poseen. La encuesta deja abierta la cuestión de si los elogios recibidos durante la infancia provocaron esa resistencia, pero muestra que, para muchos participantes, el miedo a no estar a la altura ya ha influido en las oportunidades que decidieron intentar aprovechar.
Sobre MyIQ:
MyIQ se lanzó en 2024 y cuenta con más de un millón de usuarios en todo el mundo. Es una plataforma digital de autoconocimiento que va más allá de ofrecer una puntuación de CI, con más de 9 millones de pruebas completadas en distintas categorías, entre ellas capacidades cognitivas, personalidad y relaciones personales, todas con resultados personalizados y recomendaciones prácticas. La plataforma ofrece más de 25 juegos de entrenamiento cerebral, más de 150 acertijos de inteligencia, más de 20 horas de contenido en vídeo elaborado por expertos y más de 300 lecciones sobre inteligencia emocional, resolución de problemas, innovación, desarrollo de la confianza y toma de decisiones. A través de su test de CI, su evaluación integral de personalidad y su cuestionario sobre relaciones personales, MyIQ proporciona información estructurada y personalizada que ayuda a las personas a comprender mejor su mundo interior y su comportamiento.
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