Los datos de Use.AI muestran que muchos adultos distinguen entre perder el empleo y delegar las tareas que lo componen. La mayoría quiere que la IA se encargue del trabajo rutinario, pero preservando el control humano sobre la dirección, la evaluación y las decisiones finales.
El 58% de los adultos teme que la inteligencia artificial pueda sustituir a las personas en sus puestos de trabajo, pero el 72% quiere que la tecnología asuma la mayor parte de su carga laboral diaria, según una encuesta de Use.AI realizada a 11.230 adultos de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.
Los resultados muestran menos una contradicción que un límite claramente definido. Los encuestados parecen dispuestos a automatizar partes sustanciales de su trabajo, pero siguen mostrándose reacios a renunciar al empleo, la autoridad y la responsabilidad asociados a su función. Lo que desean no es necesariamente ser sustituidos, sino una redistribución del trabajo entre las personas y las máquinas.
La mayor demanda se concentra en el trabajo repetitivo. El 82% afirmó que quería delegar en la IA las tareas administrativas rutinarias. Estas actividades suelen ocupar una parte considerable de la jornada laboral, aunque tienen menos peso en la forma en que las personas definen su valor profesional. Su eliminación no haría desaparecer el puesto en sí, pero sí cambiaría lo que se espera de la persona que lo ocupa.
Esta preferencia va más allá de recibir ayuda ocasional. El 61% señaló que preferiría que la IA completara una tarea entera y que su única responsabilidad fuera aprobar el resultado final. En ese modelo, la contribución humana se aleja de la producción de cada componente del trabajo y se orienta hacia la definición de los requisitos, el control de calidad y la decisión sobre si el resultado es apto para su uso.
Este cambio coincide con la forma en que los encuestados describieron el valor profesional. El 60% afirmó que establecer la dirección de una tarea o evaluar su resultado era la principal fuente de su contribución en el trabajo. Para este grupo, el valor no depende principalmente de redactar cada documento, realizar cada cálculo o preparar cada presentación. Depende de definir el objetivo y determinar si el resultado final lo cumple.
Las actitudes hacia la autoría siguen un patrón similar. El 69% consideraba propio el material generado por la IA cuando había proporcionado las instrucciones. El resultado sugiere que muchas personas asocian ahora la autoría con la intención y la selección, más que con la producción directa. Establecer el objetivo y elegir la versión final puede ser suficiente para conservar la sensación de autoría, incluso cuando la IA se encarga de gran parte de la ejecución.
Sin embargo, la delegación sigue teniendo un límite claro. El 68% quería conservar la decisión final, mientras que el 54% no estaba dispuesto a permitir que la IA enviara, publicara o presentara materiales terminados sin una acción humana definitiva. Los encuestados estaban preparados para automatizar gran parte del proceso, pero muchos seguían trazando una línea en el momento en que un resultado se convertía en una decisión oficial vinculada a su nombre y responsabilidad.
La encuesta también identificó una tensión en torno a las competencias profesionales. El 66% afirmó que los trabajadores deberían conservar las habilidades que la IA puede desempeñar por ellos, mientras que el 49% prefería que la tecnología se encargara de esas mismas tareas siempre que fuera posible. Los resultados no demuestran que las mismas personas mantuvieran ambas posturas, pero apuntan a un reto más amplio: los trabajadores pueden defender la conservación de sus conocimientos mientras generan menos oportunidades para ponerlos en práctica.
El tiempo liberado por la automatización no se utilizaría principalmente para reducir la actividad laboral. El 85% afirmó que lo destinaría a otras tareas profesionales, al aprendizaje o al aumento de la productividad. Este dato debilita la idea de que la demanda de IA responde simplemente al deseo de trabajar menos. Para la mayoría de los encuestados, el beneficio esperado consiste en dedicar ese tiempo a otras formas de trabajo y desarrollo.
La conclusión general es que las personas no están pidiendo a la IA que las vuelva irrelevantes. Quieren que reduzca el número de tareas que siguen requiriendo su participación directa. La nueva división del trabajo resulta cada vez más clara: la ejecución puede delegarse, pero la dirección, el criterio y la responsabilidad continúan considerándose, en gran medida, funciones humanas.
Acerca de Use.AI
Use.AI es un asistente universal de inteligencia artificial que reúne los principales modelos de lenguaje de gran tamaño del mundo en una experiencia única, integrada y fluida. Ofrece a los usuarios un único punto de acceso a las capacidades de IA más avanzadas disponibles actualmente, desde la resolución de problemas complejos hasta la generación de contenidos creativos. Al conectar múltiples tecnologías de IA, Use.AI permite a los usuarios aumentar su productividad y aprovechar la inteligencia de vanguardia en sus flujos de trabajo diarios.
Contacto para medios
Alex Samuels
Responsable de Relaciones Públicas
Use.AI
pr@use.ai
Los resultados muestran menos una contradicción que un límite claramente definido. Los encuestados parecen dispuestos a automatizar partes sustanciales de su trabajo, pero siguen mostrándose reacios a renunciar al empleo, la autoridad y la responsabilidad asociados a su función. Lo que desean no es necesariamente ser sustituidos, sino una redistribución del trabajo entre las personas y las máquinas.
La mayor demanda se concentra en el trabajo repetitivo. El 82% afirmó que quería delegar en la IA las tareas administrativas rutinarias. Estas actividades suelen ocupar una parte considerable de la jornada laboral, aunque tienen menos peso en la forma en que las personas definen su valor profesional. Su eliminación no haría desaparecer el puesto en sí, pero sí cambiaría lo que se espera de la persona que lo ocupa.
Esta preferencia va más allá de recibir ayuda ocasional. El 61% señaló que preferiría que la IA completara una tarea entera y que su única responsabilidad fuera aprobar el resultado final. En ese modelo, la contribución humana se aleja de la producción de cada componente del trabajo y se orienta hacia la definición de los requisitos, el control de calidad y la decisión sobre si el resultado es apto para su uso.
Este cambio coincide con la forma en que los encuestados describieron el valor profesional. El 60% afirmó que establecer la dirección de una tarea o evaluar su resultado era la principal fuente de su contribución en el trabajo. Para este grupo, el valor no depende principalmente de redactar cada documento, realizar cada cálculo o preparar cada presentación. Depende de definir el objetivo y determinar si el resultado final lo cumple.
Las actitudes hacia la autoría siguen un patrón similar. El 69% consideraba propio el material generado por la IA cuando había proporcionado las instrucciones. El resultado sugiere que muchas personas asocian ahora la autoría con la intención y la selección, más que con la producción directa. Establecer el objetivo y elegir la versión final puede ser suficiente para conservar la sensación de autoría, incluso cuando la IA se encarga de gran parte de la ejecución.
Sin embargo, la delegación sigue teniendo un límite claro. El 68% quería conservar la decisión final, mientras que el 54% no estaba dispuesto a permitir que la IA enviara, publicara o presentara materiales terminados sin una acción humana definitiva. Los encuestados estaban preparados para automatizar gran parte del proceso, pero muchos seguían trazando una línea en el momento en que un resultado se convertía en una decisión oficial vinculada a su nombre y responsabilidad.
La encuesta también identificó una tensión en torno a las competencias profesionales. El 66% afirmó que los trabajadores deberían conservar las habilidades que la IA puede desempeñar por ellos, mientras que el 49% prefería que la tecnología se encargara de esas mismas tareas siempre que fuera posible. Los resultados no demuestran que las mismas personas mantuvieran ambas posturas, pero apuntan a un reto más amplio: los trabajadores pueden defender la conservación de sus conocimientos mientras generan menos oportunidades para ponerlos en práctica.
El tiempo liberado por la automatización no se utilizaría principalmente para reducir la actividad laboral. El 85% afirmó que lo destinaría a otras tareas profesionales, al aprendizaje o al aumento de la productividad. Este dato debilita la idea de que la demanda de IA responde simplemente al deseo de trabajar menos. Para la mayoría de los encuestados, el beneficio esperado consiste en dedicar ese tiempo a otras formas de trabajo y desarrollo.
La conclusión general es que las personas no están pidiendo a la IA que las vuelva irrelevantes. Quieren que reduzca el número de tareas que siguen requiriendo su participación directa. La nueva división del trabajo resulta cada vez más clara: la ejecución puede delegarse, pero la dirección, el criterio y la responsabilidad continúan considerándose, en gran medida, funciones humanas.
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